Hace unas semanas supe que esa
amiga que siempre esperé tener en mi vida se va del país. Entré en terror
absoluto y la depresión me guiñó el ojo, ahí, desde el blackberry donde estaba
escrita la fecha de partida.
Nunca es lo mismo tener a los amigos cerca que
lejos. La distancia física es dolorosa, no más que la sentimental, pero lo es.
Escribe una persona que ha despedido
a varios en Maiquetía. No es un juego. Nunca será una tontería sentirte cada
día más solo porque tus amigos del colegio viven afuera, los de la universidad se están yendo y los que vas haciendo en la vida también desaparecen detrás de
un torniquete de aeropuerto.
He botado lágrimas en esas
puertas blancas de Maiquetía, donde he visto irse sin retorno a mis amigos más
queridos y a mi primo más amado. Donde en agosto veré a mi costilla (palabra
seguramente usada en el oeste del oeste de Caracas) irse a vivir a Buenos
Aires, mientras yo me quedo nivelando el egoísmo de querer tenerla aquí por
siempre y la amistad sincera de desearle lo mejor donde quiera que esté. Mientras
aniquilo el dolor en las tripas por no tenerla aquí cerca en los momentos que
están por venir.
Allá en España Yohanna dio a luz
en enero y yo recibí una foto de su retoño, Marivi, por gmail. Le pude hacer
llegar un cintillo de bebé con un lazo alusivo a la bandera de Venezuela, un
body con el nombre de nuestro país y unos pirulines para que la beba, desde el
líquido amniótico de su mamá, probara el chocolate venezolano. Esa es la vida
que nos ha dado la emigración. Vivir nuestra nacionalidad a medias, llevar las
amistades por correo y ser la Tía Vero, la que Marivi conocerá alguna vez pero
con la que jamás creará un lazo verdadero.
Betty vive en Madrid, luchando
por ser actriz. Yo sólo puedo contarle lo mucho que admiro su constancia y
valor por correo. Cristian se la pasa pisando alcantarillas en Barcelona.
Alcantarillas que le quitan energías y le roban los sueños. Ha pisado muchas y
yo no puedo evitarlo. No son las alcantarillas tapadas de Caracas cuando
llueve.
Jessica trabaja en un bar en
Cherasco, Italia. A veces me escribe correos tratando de expresar lo que siente
y lo mucho que le gustaría visitarnos. Valentina descubrió que Buenos Aires se
parece más a Caracas de lo que creía...Anita se casó y yo no estuve con ella.
Gran parte de mis amistades más
queridas se viven así.
Tal vez un mocoso que vive en el este
del este venga a decirme que se quiere ir, pero que si se va es para estudiar,
pero que se devuelve, porque o sea, aquí es mejor.
Tal vez un peluo que parece un
perro ovejero drogado quiera decirme desde un carrito de juguete que él se iría
demasiado.
Tal vez una pana que parece
drogada hasta el tinte del cabello sin saber hablar pronuncie que para ella
Caracas es la ciudad donde si se muere la entierran.
Tal vez una muchacha quiera
volver Caracas un Origami y creerse
capaz de determinar quienes entran y quienes no a su mundo de fantasía mientras
ella lo ve desde sus fantásticos lentes azules de pasta creyendo que es chimbo
irse, pero que no se preocupa porque aquí hay gente chévere que sacará adelante
esto.
Bien, es válido todo lo que ellos
dicen, piensan, sienten, etc. y es hasta
válido que lo hayan puesto en un video de youtube y lo llamaran documental.
Y sí, se que mis palabras
anteriores pueden ser reprobables, puesto que estoy castigando a estos niños basándome en su apariencia física, cuando pude reprobarlos por
sus palabras pero ¿cuáles fueron?
Si querían traer el tema de la
emigración a la palestra, lo hicieron tan mal que sólo lograron ser castigados
por su manera de expresarse y peinarse.
Lo siento, muchachos, tal vez la
intención haya sido establecer una crítica que hiciera reflexionar a los
venezolanos, pero el vacío de contenido en sus frases y sus miradas, nos
hicieron a los demás cuestionar la validez de sus planteamientos casi
inexistentes.
Agarraremos lo mejor que podamos de
este video y los más relajados lo tomaremos como un capítulo más. Tomen ustedes
las críticas y salgan de sus cápsulas. Dejen la paranoia que les mete su mamá y
lean el periódico. Preocupense por alguien más que ustedes mismos, miren más
allá de sus narices y con gusto, leeremos sus opiniones nuevamente para ver su
evolución.
Ustedes y todos son libres de
irse o quedarse, pero segura estoy de que los que aquí trabajamos, vivimos,
caminamos del este al oeste y del norte al sur, esperamos que quienes se queden
aporten algo más que un o sea y un me iría demasiado. Esperamos que, como dice la chica de los lentes (a quien extrañamente entendí como a Miss Antioquia cuando explicó que hombres y mujeres se aman igual pero de manera contraria), quienes estemos, realmente seamos chéveres y acomodemos esto para que ustedes vengan a rumbear en semana santa.
Gracias. Gracias por 17 minutos que se convirtieron en tweets
y comentarios que nos hicieron sacar las garras para defender lo nuestro.
P.D.: Para el que tenía la duda del daño de este gobierno, esta juventud fue la que se formó en 13 años en el este del este de Caracas.
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